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Agradecemos si algún amigo de Plano Creativo traduce del francés al español las palabras de Alejandro para añadir los subtítulos al vídeo.
Gracias.
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CANNES.- El cineasta chileno adoptado por Francia, Alejandro Jodorowsky, reapareció en el Festival de Cannes, en el Teatro Croisette de la Quincena de los Realizadores, una de las secciones paralelas del Festival galo con más renombre.
Desde temprano y sin importar la lluvia, la gente se arremolinaba en la entraba y hacía largas filas para ver qué era lo nuevo que este creador traía a la gran pantalla.
El cine de Jodorowsky genera gran expectación. Por una parte, es un director que en el espacio de 45 años sólo ha hecho 7 filmes. Pero han calado hondo entre sus seguidores que lo han vuelto un realizador de culto.
Con “La danza de la realidad”, el director que en los últimos años se ha volcado en la literatura, la comedia y la enseñanza del tarot, vuelve a contar una historia muy personal en una especie de ensayo autobiográfico con el que el maestro del esoterismo invita al espectador a hacer un viaje introspectivo con su conmovedor retorno a su propia niñez y su universo fantástico.
Tras presentar el filme en un auditorio lleno que aplaudió al autor, Jodorowsky realizó una sesión de preguntas y respuestas en las que hizo mención a México. “Esta es una cinta chilena porque ahí está mi infancia, mexicana porque ahí hice gran parte de mi obra cinematográfica y francesa porque es el país que en el que he vivido mucho tiempo”.
Lo más entrañable fue sin duda el momento en el que una espectadora le pidió a Alejandro que la dejara subir al estrado a darle un fuerte abrazo sin poder contener las lágrimas.
“Para mí, este filme es como una bomba atómica mental. He escrito libros e inventado una terapia llamada psicomagia que tiene que ver con actos para sanar problemas psicológicos relacionados con la niñez y la familia.
“La danza de la realidad no es sólo una película, sino también una especie de sanación familiar pues tres de mis hijos actúan”, dijo el director al periodista Olivier Pere.
Según contó el realizador toda la filmación se hizo en la misma calle del pequeño poblado de Tocopilla en Chile, en la que la tienda de sus padres estaba localizada.
“Cuando era un niño, el pueblo me rechazaba por mi apariencia física: tenía una piel muy pálida y una nariz puntiaguda así que me llamaban Pinocho. Era el hijo de unos inmigrantes judíos rusos en medio de una tierra comprada a los bolivianos y poblada por amerindios. Eso me hizo una especie de mutante ante los ojos de los locales.
“No tenía amigos y pasé mi infancia encerrado en la librería con mis libros”, agregó.
Pero la historia tiene un final feliz pues Jodorowsky con el tiempo, se convirtió en el salvador de Tocopilla, “logré ser una especie de hijo del pueblo pues soy el héroe que les llevó el filtro mágico que se llama cine”.
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FUENTE: EL UNIVERSAL domingo, 19 de mayo del 2013

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Un samurái le pidió a un maestro que le explicara la diferencia entre el cielo y el infierno. Sin responderle, el maestro se puso a dirigirle gran cantidad de insultos. Furioso, el samurái desenvainó su sable para decapitarle.
-He aquí el infierno-dijo el maestro antes de que el samurái pasara a la acción. El guerrero, impresionado por estas palabras, se calmó al instante y volvió a enfundar el sable.
Al hacer este último gesto, el maestro añadió:
-He aquí el cielo.
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Alejandro Jodorowsky: Al entrar en determinados estados, nos creamos nuestro propio infierno, así como al entrar en otros estados nos creamos nuestro propio paraíso. El infierno y el paraíso dependen de nosotros.

Alejandro Jodorowsky respondió a sí a Vlamyr cuando le preguntó, “¿qué rituales o ejercicios podrías ofrecernos para abrirnos a nuevos niveles de conciencia?”:
“Para llegar a uno mismo, al Ser esencial, primero que nada debemos domar a esa ilusión tatuada en nuestra mente por la familia, la sociedad y la cultura, que llamamos Ego. Ilusión con la que nos identificamos y que nos retiene en una especie de cárcel mental. Se logra esto, observando objetivamente hasta donde nos es posible, la cotidiana conducta de ese personaje que nos posee. He aquí una lista, no exhaustiva, de los defectos de carácter que debemos vencer para llegar a actuar como un ser de un alto nivel de conciencia. Quien añade conciencia, añade felicidad a su vida.
El Ego se alaba sin cesar… El Ego se maltrata, pero en el fondo quiere que le digan que sus defectos no son tan graves o que lo admiren por su franqueza y “humildad”… El Ego habla sin entender lo que está diciendo porque, en verdad, no puede conocer nada pues gira alrededor de sí mismo… El Ego proyecta su imagen en todo el mundo. Si tiene miedo, el mundo es feo. Si está eufórico, el mundo es bello. Si tiene deseos perversos, ve pervertidos en todas partes… El Ego cree que él es lo que piensa, siente, hace. Si critican algo de él, se ofende… El Ego no ve diferencia entre lo que tiene y lo que es él. Los objetos son su continuación. Es capaz de matar si le dañan, por ejemplo, su automóvil… El Ego goza de su propia violencia, como también goza de su insatisfacción e incultura… Como el tiempo es su enemigo porque lo acerca a la muerte, el Ego se preocupa de la edad, es decir, de sus cambios físicos. Cambios que oculta con tatuajes, piercings, adornos… El Ego siempre enjuicia a los demás poniéndose él como medida: son mejores, peores o iguales a él… El Ego tiene buenas razones para justificar sus errores: son culpa de las circunstancias o de los otros… El Ego discute para demostrarse a sí mismo que es más inteligente que los otros. Su táctica es decir “¡No!”… El Ego es codicioso: no ama sino que desea poseer… El Ego dice que le suceden cosas “extraordinarias”: ha visto un platillo volador, ha tenido una visión, conoce a un personaje famoso, etc. Lo que le “sucede” lo cuenta para ponerse en valor y sentirse superior a los que lo escuchan… Cuando alguien muere, el Ego se alegra porque no es él quien expiró… El Ego oculta un mordisco detrás de cada alabanza que concede… Al Ego le gusta agradar y se coloca máscaras de diferentes personalidades para caer bien. Se hace el honesto o el fuerte o el delicado o el niño, según con quien está…El Ego se preocupa por dejar sus huellas en algún lado: firma paredes, pone sus fotografía en marcos, funda escuelas, lucha por obtener medallas y premios, etc… Al Ego le gusta mandar a otros y goza apoderándose de voluntades ajenas. Sufre cuando otro lo manda. Detesta a cualquier clase de maestro… Al Ego le gusta vivir junto a los que tienen poder o fama y es servil con ellos por envidia… El Ego no sabe escuchar: supone lo que le van a decir y reacciona según sus suposiciones sin dejar hablar al otro… El Ego es un vampiro de energía: cuando visita a alguíen es capaz de hablarle de sí mismo durante horas sin preguntarle ni siquiera si está bien de salud…
La auto-observación de nuestro Ego debe ser constante: es la básica y esencial primera lucha para acceder a planos de conciencia más elevados.”
Imagen: Letjashijsneg
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El Correo: El universo poético de Alejandro Jodorowsky fue aclamado con una ovación de pie este sábado en el Festival de Cannes tras el estreno mundial de ‘La danza de la realidad’, su autobiografía «psicomágica» en la que el veterano director de cine chileno recrea su pasado. La película de dos horas y diez minutos se estrenó en la sección paralela de la Quincena de los Realizadores, que no es competitiva, en presencia del director de 84 años radicado en París desde hace décadas. El filme relata en lenguaje poético la traumática infancia del autor en Tocopilla, pequeña ciudad del norte de Chile donde nació en 1929 en el seno de una familia de inmigrantes y a la que regresó para rodar la película.
Hijo de judíos rusos instalados en este remoto poblado, el pequeño Jodorowsky vivió una infancia separada de otros niños y sumido en el peculiar mundo de sus padres. En ‘La danza de la realidad’, Jodorowsky toma de la mano al espectador y lo lleva a un viaje introspectivo hacia la niñez y su universo fantástico.El filme desató una salva de aplausos y bravos en su primer pase a la prensa, tal vez porque realiza a través de la magia del cine el sueño imposible de todo ser humano de dialogar con su infancia -«conservar al niño», dice Jodorowsky al final de la aventura-, y en el caso del autor, reconciliarse con sus padres. «Espero que esta experiencia psicológica les sirva también a ustedes, que no se trate sólo de cine como entretenimiento, sino de cine como experiencia», dijo al público al final de la proyección.
La autobiografía levanta vuelo en alas de la imaginación y se aparta de la realidad pero de algún modo la sigue describiendo: su madre Sara, que soñaba con ser cantante, sólo se expresa a través del canto, lo cual da al filme la forma de un musical intermitente cada vez que figura ese personaje (Pamela Flores). El padre, interpretado por Brontis Jodorowsky, hijo del realizador, aparece vestido como su admirado Stalin -según Jodorowsky el detalle es real- y conspira para matar al general Carlos Ibáñez del Campo, presidente de Chile de entonces, en una proyección imaginaria de los deseos del padre.
«Para mi familia, fue una bomba sicológica muy fuerte», admite el director. «Mi hijo Brontis interpreta a su abuelo, otro de mis hijos, Adán, a un político que se suicida por culpa de Brontis, o sea que de alguna manera Brontis mata a su hermano, los vestuarios son obra de mi esposa Pascale». Otro hijo del autor, Cristóbal Jodorowsky hace el papel del «teósofo». La película que por momentos recuerda el universo de Fellini, satisface al espectador acostumbrado al despliegue visual barroco y alucinógeno de los filmes culto de Jodorowsky (‘El topo’ o ‘La montaña sagrada’).
Sin embargo, en ‘La danza de la realidad’ todo es más austero, a la imagen de la árida y polvorienta Tocopilla. El director suprimió mucha de la maquinaria utilizada habitualmente en los rodajes para limitarse a una «steadycam», la cámara con harnés manejada por una sola persona, y a cuadros fijos inspirados de su prolífica incursión en el cómic.Figura del underground de los 70s y desde entonces en lucha permanente contra el cine comercial .

PARÍS.- Un público completamente entregrado y de pie ovacionó hoy en Cannes al artista nacional Alejandro Jodorowsky, quien presentó en el certamen la cinta “La Danza de la realidad”, una película sobre su infancia que marca su regreso al cine.
“La película se rodó en secreto”, contó el cineasta, que ha guardado celosamente el proyecto hasta su estreno hoy en el marco de la Quincena de los Realizadores, una sección paralela dentro del festival francés.
“La danza de la realidad” se centra en la infancia de Jodorowsky en el norte de Chile, en su Tocopilla natal, donde sus padres, ucranianos, se encargaban de una tienda, una de las pocas cosas reales en esta película, que el propio director ha definido como “una bomba psicológica”.
“LLoré mucho”, contó al público Jodorowsky, que en la cinta convierte su infancia en una especie de fábula, aderezada con poesía, psicomagia, activismo político y mucha fantasía.
“En el fondo me reconcilié con mi padre”, que era muy duro, explicó el cineasta, cuya madre quería ser cantante de ópera y en la película sólo habla cantando.
En la película su padre es un ferviente y estricto comunista que se marcha de Tocopilla para matar al dictador que gobierna Chile y su madre una mujer religiosa que apoya con sus poderes especiales a su hijo, discriminado por su religión y su aspecto. El propio director aparece en la cinta siempre en conexión con el niño.
“Realicé a mi padre como ser humano y también realicé a mi madre como cantante de ópera”, agregó Jodorowsky, que hacía más de 20 años que no se colocaba detrás de una cámara.
Cabe señalar que en “La Danza de La Realidad” el director involucró a toda su familia: Su hijo Brontis es el protagonista, su hijo Adan firma la banda sonora y su esposa, la pintora Pascale Montandon, es la encargada de el vestuario.
Jodorowsky aprovechó además la ocasión para denunciar el nulo apoyo que recibió de las autoridades chilenas en este proyecto, y lamentó que el cine se haya convertido en una industria
“¿Qué queda para el director? El director es el corazón del filme, es el poeta que crea”, agregó el artista.
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